7 de Febrero
Gracias a los dioses el sueño me ha sentado bastante bien y la cabeza ha empezado a aceptar la realidad... ¡Estás en Buenos Aires flaco!
Antes de salir me voy con Alberto a cambiar unos cuantos euros y charlamos un ratillo. Me cuenta que hacía thai boxing y cómo eran los entrenamientos (una salvajada física) Me habla de su "maestro" y del rollo que había en su gimnasio, muy alejado de típico rollo de matones de barrio que te puedes imaginar.
Acompaño a Morcelius a solucionar unos asuntos burocráticos de su familia y eso me da la oportunidad de meterme un poquito más en la vida normal de un porteño. Agarramos el colectivo y el subte y nos plantamos en el registro civil central donde, como en cualquier lugar del universo, nos toca hacer una cola insana hasta conseguir hacer los trámites y cuando todo parecía hecho nos informan de que hay que ir a otro sitio para hacer la jugada completa. Unas cuantas blasfemias e insultos después llegamos a la calle Santa Fe y nos metemos en un pequeño centro comercial que se llama Bond Street donde todas las tiendas son de música y tatuajes (una especie de malasaña concentrado en un pasillo). Andrés me habla de los Barra-Brava, lo que vendría a ser Ultra Sur en españa. En Argentina el fútbol es religión y de las fundamentalistas. Damos un paseillo por el mall, vemos alguna librería chula de comics y libros de diseño (no merece la pena comprar libros aquí. Son los mismos que encuentras en España y mucho más caros) y salimos a dar un vuelta. En la misma calle nos topamos con la librería Ateneo. Es una librería montada en un antiguo teatro. Es un flipe de bonita. El patio de butacas y los palcos están llenos de estanterías y en el escenario hay montado un café muy chulo. Es bastante pija, eso si.
Hoy Alberto tenía cita para hacerse un tatuaje y hemos quedado en recogerle en el estudio. Vamos en subte a Palermo Holywood. Antes de llegar al estudio paramos para comer por la zona. Entramos en un restaurante que se llama La Dorita de en frente y por 24 pesos (menos de 6 euros) nos tomamos una buena ración de carne de la que te sube al cielo. Vació al horno de barro, Colita, Chori y Chinchulines, todo ello con una buena guarnición de papas y batata frita. (¿Así que esta es la famosa carne argentina? DESFAS").
Llegamos a Welldone, el estudio de tatuajes y a Alberto le acaban de terminar el negro del tatoo. El tatuador se llama Mariano y tiene bastante fama dentro y fuera de Argentina. De hecho ha estado tatuando por todo el mundo, incluido España. El tatuaje es un diseño de Alberto reinterpretado por Mariano. El resultado es espectacular. Cuando acaban de meterle el color y curarle un poco la herida, salimos del estudio y damos una vuelta por Palermo Soho. Todo Palermo es la típica zona de las grandes ciudades donde antes había delincuencia y miseria y que poco a poco se fue llenando de artistas que se podían permitir los alquileres bajos de las casas de la zona. El barrió pasó a ser de lo peorcito a los más cool y exclusivo, lleno de tiendas de diseño y cafeterías para hipsters. (Básicamente Chueca en Madrid). Nos mentemos en un par de librerías (recalco lo dicho antes de los libros) y pasamos a ver una tienda de nike de los más modelno y rebuznante, donde lo único que merece la pena son dos pivones que andan comprándose las últimas retro-nike.
Todavía no he dicho nada de las mujeres argentinas, sólo llevo dos días aquí, pero con eso basta para darte cuenta del niiiiiivelón que hay. Las más bonitas son las que rondan la treintena y si para colmo las escuchas hablar estás perdido. Iré informando de cómo evoluciona el estudio sobre el sexo opuesto. Una cosa, que no mola mucho, es que existe mucho culto al cuerpo. No es raro ver a cincuentonas con aspecto de anfibio y a veinteañeras con las tetas operadas.
Estamos un poco reventados y decidimos irnos a casa a descansar un poco. Colectivo 152 y a casa a descansar un ratillo. Hemos quedado con unos amigos de Andrés por la noche por la zona de Palermo así que nos adecentamos y tiramos hacia allá. Por el camino compramos unas cervezas y empanadas (probé la de Humita, una mezcla de maíz, aquí lo llaman choclo, y bechamel). Resulta que los colegas de Andrés no estaban en la casa. Se habían ido a cenar a un restaurante que estaba al lado. Vamos para allá y les esperamos fuera bebiendo las cevezas. Tenemos una conversación muy divertida sobre el Rap español que enciende la ira de Morce. Resumiéndola un poco, en el rap español hay gente que habla de cosas cotidianas y reales y otros que se creen que viven el "el precio del poder", rodeados de droga, pistolas, cristal y pivones (A ver tolili, vives en Aluche)
Los amigos de Andrés se largan a dormir y nosotros nos vamos a un boliche (discoteca) en el que ponen rock y suele haber concietos de madrugada. El sitio está bastante molón y la música está guay: Social Distortion, Turbonegro y Rancid. La entrada vale 10 pesos porque hay concierto, sin concierto vale 5 pesos (un poquito más de 1 €y te dan una lata de cerveza). Allí conozco a Pato, un amigo argentino de andres, ex - Straight Edge, hardcoreta de pro y barra-brava (lo que viene a ser un ultra sur en España pero sin ser naziguato). Un chaval muy agradable. Nos tomamos unos cuantos brebajes (el whisky es infernal) a ritmo de "All my friends are dead". Los grupos que tocaron eran bastante truño la verdad, pero la situación era tan guay que daba igual. Unos cuantos vasitos de veneno para ratas más y a casita en taxi. Llegamos con un hambre canina y nos pusimos una tapipa (tapaza) de jamón serrano del que le había traído. Lo devoramos como si fuera nuestra última comida en la tierra y preparados para la resaca nos fuimos a la cama.
8 de Febrero
El día siguiente fue de relax total. Tirados en casa, leyendo, durmiendo y acabando de asimilar donde me encontraba. Comimos un arrozito con verduras riquísimo, charlita guapa y siestaza. Me duermo justo después de leer una frase de "Ficciones" de Borges; cuando un hombre duerme, se despierta en otro mundo... y allí me desperté. Me encontraba en mi colegio y allí estaba Javier Bardem con más gente. Le empiezo a picar diciéndole que él sabe que va a ganar el oscar, pero se va a sentir un farsante por que sabe que Tommy Lee Jones es muchísimo mejor actor que él. Eso le "rompe las pelotas" y sale corriendo detrás de mi. Me persigue por las clases y me acaba tirando una silla sobre la que yo me subo como si fuera el chino de Kill Bill. Empezamos a tirarnos cosas y los dos volamos como kung-fu-tecas en tigre y dragón. De repente el escenario cambia y me encuentro metido en un cómic de Moebius. Allí hay una chica que apunta con una pistola a un tipo rarísimo. La chica es igual que Amy Racecar de Balas Perdidas. Le pega un empujón al tipo (cara huevo y con bigote de chino) y le pisa la cabeza. El cara-huevo es de una especie rara de humanoide que no siente dolor y es como de goma. La cabeza está sobre una rejilla y empieza a pasar a través de ella como el T-1000 en Terminator 2 el la escena del psiquiátrico. Me despierto. (¿Qué tenían las copas de ayer?).
Cuando me levanto le cuento corriendo el sueño a Elena (amiga española de Elsa que vive también en casa) y se me queda mirando con cara de "este chico no puede más". Vagueamos un rato más y me voy a cenar con Alberto a una pizzería de San Telmo (Pizzería Pirilo) donde dan un híbrido entre pizza y bomba destroza-estómagos-creadora-de-lorzas de queso grasiento que está de puta madre. Nos vamos a tomar unas cerveza a la plaza de Dorrego y tenemos una charla súper intensa sobre el amor. Al pobre Alberto le acaban de romper el corazón de la forma más vil que te puedas imaginar (no cuento la historia por respeto a él). Entiendo perfectamente como se siente he intento darle esperanzas y ánimos contándole mis experiencias (que no cuento porque paso de todo). Ahora lo ve todo negro cómo lo veía yo y el resto de la humanidad cuando le apuñalan el corazón. Pero todo pasa y su sufrimiento pasará igual que pasó el mío. Amor-odio-indiferencia-olvido y punto pelota. La plaza está llena de PIBONES de los que te queman los ojos cuando las miras. Acabamos charlando de viajes y tatuajes. En medio de las conversaciones se nos acercan un par de jipis. Uno bastante majo que nos recita un poema (El Locrio de los antagonismos) a cambio de un trago de cerveza. Nos cuenta una historia muy divertida sobre unos españoles a los que metieron en la carcel con él cerca de la frontera con bogotá por beber vino en una plaza y se pira sin más. El otro jipi era más un "villero" (la peor especie de tanaco porteño). Nos da la brasa a lo bestia e intenta sacarnos unos pesos. El chaval estaba fatal. Mientras hablaba se le caía la baba. Nos invita a coger un auto e ir a la villa (prefiero pegarme fuego a las pelotas, amigo). Al final le ignoramos y seguimos con lo nuestro. A mi lo del villero de deja del revés y nos vamos a casa. Charlita con lo chicos y me piro a alimentar a los mosquitos.
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7 comentarios:
Que envidia que me das, so Vargues! La plaza Dorrego.....mmmmmm.........
Soy Jaramil, por cierto. No entiendo estos rollos de contraseñas que te has montado aquí, amigo.
Diles que te lleven al hipódromo setentero que está un poco fuera de la ciudad (es que hay dos) a ver algún derby, ahí si que vas a flipar. Y ve en domingo, que se ponen todos muy maqueaos.
q bueno santiii, q ganas d estar ahi!
llama a las chias q se van para el sur el 15!!
Me da envidia la gente que se va de vacaciones a descubrir nuevas costumbres, a comer empanadas, a leer libros en teatros, a hablar de la vida y del amor en una plaza y a disfrutar de las chicas guapas argentinas: ¿y los chicos? ¿dónde están los chicos argentinos? Mientras, los demás seguimos aquí, en la ciudad de los alquileres altos, el clima seco y las castañas rancias.
Un abrazo!
Es genial todo lo que cuentas Santi!! Realmente dan ganas de estar allí. Un beso muy fuerte y sigue disfrutando de tu aventura. PD; aún no conocemos la carita de Pablete.
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