jueves, 7 de febrero de 2008

Sobrecarga del sistema

Dejo a mis sobrinas, madre y hermana en el aeropuerto después de un día de nervios brutal. El avión ha sido un infierno. Yo no se las horas que he estado metido en el aparato, pero me han parecido 20000. Hemos tenido que repostar en el aeropuerto de Nalpa o algo así (¡Que alguien me diga donde está! Por la ventanilla sólo veía cazas). Llego por fin a Buenos Aires y después de sudar metafóricamente en la aduana pensando que me iban a parar por el jamón serrano que traía para Andrés (sólo me han preguntado si el aceite que llevaba lo había hecho yo ¡¿?! "si oiga, tengo una refinería y 15 olivos en el armario de mi casa") he alquilado un remis (taxi) y al salir del aeropuerto he sudado DE VERDAD. Parece que haya hecho un viaje en el espacio y en el tiempo. ¡¡¡¡Este calor no toca ahora, toca dentro de 5 meses!!!!

El momento en que te metes en un taxi desde el aeropuerto en una ciudad extraña es muy especial. Es tu primer contacto con la ciudad. El tráfico, el taxista, los carteles, las señales, la radio, los coches... y las ganas de llegar por fin a tu destino. 105 pesos después llego a casa de Mr. Morce.

Hacía por lo menos un par de años que no nos veíamos y el cabrón está como siempre, solo que con un peinado a lo Willy De Ville. En su casa están su novia Elsa y otro colega de Madrid, Alberto. La casa es preciosa, con dos alturas, las habitaciones dando a un patio y cada pared pintada de un color. Duchita, bermudas y a la guerra. Nunca mejor dicho.
En palabras de Andrés "Si sobrevives a donde vamos, Buenos Aires va a ser pan comido". Primer contacto con el colectivo (es cierto lo que cuentan de los autobuses, hay que "agarrarlos" al vuelo) y llegamos a Once. Es el barrio judío y por tanto zona de comercio salvaje. Miles de personas vendiendo y comprando, ruido a saco y un accidente de tráfico en vivo. Hoy empezaban Andrés y Alberto a hacer serigrafías en el "taller" de un colega. El taller está en la parte de arriba de un garaje que utilizan como lugar de reunión de una asociación política que tiene el nombre de el primer desaparecido de la dictadura militar (no recuerdo el nombre) Allí nos encontramos con Rodri y Hernan, dos argentinos amigos de Andrés. Para comer nos zampamos unas cuantas empanadas riquísimas y nos ponemos a hablar con Ramiro, un peruano de unos 50 años que nos da una lección sobre el socialismo en latino-américa que nos deja del revés. Desde porqué falló la revolución del Ché en Bolivia hasta las conexiones de Fujimori con el narcotráfico. Mi cabeza no da más de si. Y solo son las cuatro de la tarde. Colectivo y a casa a reposar el cadaver. La que me espera.

Por la noche nos juntamos con Germán, un colega de Andrés del barrio de San Martín. Nos vamos a tomar algo a una parrilla cerca de su casa y pruebo por primera vez la carne argentina. Me como un bocadillo de bondiola y para ser sincero tampoco me vuelve loco. Rico y no más. los demás coinciden en que no es la bomba (la verdad es que sí era la bomba, ero para el estómago). El calor es INSOPORTABLE y mi cuerpo me decía desde hace unas horas que "ya está bien", pero aguanto como un jabato y nos vamos a tomar algo por el barrio (San Telmo). Todos se toman un Fernet con Coca-cola. El Fernet es licor italiano muy de moda aquí. Lo probé y mi cuerpo dijo "¿de que vas?".

Charlita en casa con los chicos de la que hablaré en la versión no censurada del blog y a dormir como un lirón. Un sillón super incomodo pero que a mi me pareció la cama más confortable del planeta.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Mira tú que bien escribe el niño.
Lo de la carne, por cierto, no desesperes. Creo que es tu deber comer carne todos los días y luego escribir una reseña sobre ella. Yo lo haría.

Y el resital de los suisidal qué ché, como anduvo?

WEARBEARD!