Hoy hemos ido a Cafayate. El pueblo no es que sea la bomba, pero el camino hacia allá es LA DE DIOS. Desierto rojo como la sangre, manchado por algún cardón (cáctus) y cerros con formas imposibles. El viaje ha sido muy divertido. Hemos vuelto a ir con Oscar y nos ha estado contando mil y una cosas sobre la región ademas de chistes de los cuales he entendido el 30% pero me he reido en todos, sólo por cómo se reia el majete. Hemos pasad por un dique precioso que s llama Cabra Corral y de ahí hemos tirado directos hacia cayafate. Hemos parado en algun sitio para sacar fotos intentando siempre que fuera aislado del circuito turístico. No habiamos tenido en cuenta que era semana santa y por desgracia está todo petado de turistas argentinos. Es una auténtica putada porque hemos decidido no ver ciertas cosas por estár llenas de gente aunque molaran. Si estás contemplando un paisaje brutal lo último que quieres es tener a una familia gritando y diciendo gilipolleces. Si estoy contemplando un cañón brutal lo único que quiero es pensar en kyuss y en la inmensidad y no soportar los chistes de un desdentado.
Hemos dado un pirulín por Cafayate y hemos comido empanadas, tamales y humitas. Rodando hemos bajado hasta la plaza del pueblo y allí he coqueado por primera vez. Oscar me ha dado unas hojitas de coca y las he masticado con un poquito de bica. El efecto que tiene es como si te tomaras un café. Simplemente te despierta un poquito y te sacia el hambre. Estaban muy amargas y después de una hora las he escupido sin que me viera Oscar.
Nada más llegar al hostel nos encontramos con Beni y con una chica nueva, una italiana llamada Maura. La nena era un cañón, con unos ojos de puro rock and roll. Decidimos salir de joda y nos vamos a la calle Balcarce (donde están todos los boliches en Salta). Unos cuantos fernets después nos vamos como piojos a bailar una especie de reggeton mezclado con europop de los 80 que en circunstancias normales me hubiese generado ganas de vomitar bilis mezclada con ziclon B, pero dado el estado y la situación me pareció el musicón del siglo. A medida que pasa la noche me doy cuenta de que los ojitos de gatita de Maura solo significan problemas, así que decido darme a la birra y a perrear.
Nos cierran el boliche, salimos a la calle y no se como acabamos hablando con unos salteños la mar de simpaticos. Averiguamos donde hay un after y tiramos pa´lla. El after se llamaba Bell Cebuh y normalmente es una especie de cantina gótica. Más fernet y charlas trascendentales con los salteños. Nos contamos nuestros amores y desamores y nos hacemos los mejores amigos del mundo. Nos intentan convencer para que no nos vayamos a Tilcara al dia siguiente y yo le paso el muerto a Carolina y la hecho la culpa de que nos vayamos de Salta. Nos despedimos de los salteños, intercambiamos mails y a dormir. Ups, son las 8:30 de la mañana y tenemos que hacer el check out a las 11. Viva, que feliz que soy.
No se cómo conseguimos despertarnos. Menos mal que la gente del hostel es super maja (de momento es donde mejor me lo he pasado. Todos los que trabajan allí son de 10 y el ambiente es muuuuuuy divertido. Terra Oculta, volveré) y nos dejan remoloneare por el hostel, ducharnos tranquilamente y dejar todo el equipaje allí hasta que viajemos a Tilcara. Dejamos una notita con los mails a Trouble Eyes, intercambiamos mails, nos despedimos de Mariano (el manager del hostel) y nos vamos a Tilcara.
Pillamos una tormenta del mil demonios y hace que el viaje de 3 horas y media se convierta en más de 6 horas. Llegamos de noche y en el pueblo casi no hay alumbrado. La noche anterior habiamos reservado camas en un hostel (Uwa-Wasi), pero con el retraso no sabiamos si nos habían guardado la habitación. El destino tiene cosas muy raras, nada más llegar al hostel nos dicen que han metido en la habitación a una chica, y que si no nos importa compartir. Me quedo de piedra al descubir que la chica que iba a compartir habitación era Eva!!!! (la austriaca que conocimos en Calafate). Eva alucina y se pone a dar botes de alegria! El hostel nos cuesta 40 pesos la noche (es muy caro para la zona) pero merece de largo la pena. Es totalmente idílico. Una casa de adobe, decorado con gusto, unas camas super cómodas, un patio para desayunar lleno de parras y una vista a los cerros que rodean Tilcara que te dan ganas de leer noñadas. Esa noche cenamos en un sitio demasiado turístico para mi gusto (prefiero un puestecillo en la calle donde den choripanes que un restaurante con espectáculo folklorico). Por lo menos me da la oportunidad de pobrar la carne de llama. Nos vamos a dormir y me quedo sopa según apoyo la cabeza en la almohada.
Al día siguiente nos vamos a Pumamarca con Eva. Es un pueblecito más pequeño aún que Tilcara y del mismo palo. Lo guapo es que el final del pueblo da a "El cerro de los 7 colores". Como su propio nombre indica es un cerro que está compuesto por montañas que por cuestiones geológico-minerales que desconozco (en algún momento lo descubriré) tienen 7 colores. Muy loco. Lo malo del pueblo es que como seguimos en semana santa está petado de turistas. Állí nos separamos de Eva y nos vamos a ver "las Salinas". Para llegar tienes que ir en combi y subir por una montaá hasta los 4200 metros de altura. La presión se nota y yo me mareo a saco (por la presión y por que nuestro conductor era un cabrón suicida que iba a toda ostia y casí el 50% del camino en el carril contrario. Casi infarto). Las Salinas son 500 metros cuadrados de salinas rodeadas de montañas. Hemos tenido mucha suerte por que, dado que la noche anterior había llovido mucho, las salinas estaban cubiertas por una finita capa de agua que hacía que las montañas se reflejaran. Las fotos que ha sacado Carol con su super cámara son un pepino, brutales. Me dan ganas de estrellar mi cámara contra el suelo.
Volvemos a Tilcara y nos reencontramos con Eva. Nos vamos a un cyber y eso...
Ahora mismo ya es mi cumpleaños en España. 32. Olé
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1 comentario:
Tío, no entiendo nada de ese dialecto extraño que hablas...
Por favor, traduzca
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